Al haber sido yo siempre rebelde y de malas calificaciones, siempre me sentí impropio para con aquella niña. Pero los mecanismos de defensa de mi autoestima en cierta forma procuraron culparla a ella y olvidé conscientemente mucho, aunque no subconscientemente.
Ahora en retrospectiva, la razón por la que he considerado falacias muchas de las ventajas que atribuyen a las mujeres son porque el modelo que desde muy joven se formó en mi mente sobre lo que una mujer debe ser fue bastante alto, inteligente, de buenos modales, simpática y alegre, autónoma, de valores arraigados. Recuerdo en particular dos vivencias. En una ocasión me recriminó por maltratar a un árbol, "porque los árboles también sienten". La segunda fue una decisión muy difícil que ella tomó y que implicaba echarse encima a todo el grupo de la escuela. Recuerdo claramente que yo no compartí su postura, pero la felicité por la valentía de oponerse.
Un sentimiento de traición hacia mí mismo me ha invadido cada vez que pienso en conformarme con la amistad de una mujer (y persona en general) poco empática, poco valiente, o que no sea sumamente inteligente. La manipulación de algunas y la presión social no fueron suficientemente fuertes en mi edad de mayor vulnerabilidad de carácter. Le agradezco a aquella niña por establecerme estándares altos para juzgar a las personas, considero más nociva la actitud conformista de las mujeres que por su género y no por sus virtudes reales, pretenden atribuirse dones que por el mismo conformismo no están desarrollando. Ésta postura podría nuevamente ser un mecanismo de autodefensa, podría ser un razonamiento sincero o podría tener mezcla de ambas, realmente sólo importa si ayuda a inspirar a las personas únicas que vagan por el mundo y que no recibirán un reconocimiento de las poco versadas personas que las rodean y a quienes influencían sin saberlo.
Un cordial saludo,
Lennarth Anaya